10/11/2010

LA COMUNICACIÓN Y LA EQUIDAD

EQUIDAD DEL ACCESO A LA INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN

No cabe duda de que la información es un
bien (commodity) que repercute en el bienestar de las
personas. La relación no es sencilla, sin embargo.
Las primitivas formulaciones del desarrollo, populares
hace algunos lustros, fundamentaban la necesidad
de la investigación científica porque más
conocimientos significaban más riqueza y más riqueza
implicaba una mayor felicidad. El lema positivista
de “ver para prever, prever para proveer”
equipara la cantidad de información con una mayor
capacidad para superar problemas, que a su vez redunda
en mayor satisfacción humana. El concepto
del “desarrollo” suplantó al del “progreso”, que el
positivismo clásico postuló como meta de la humanidad.
Las “etapas” del progreso científico y moral

debían ser cumplidas por todas las sociedades de
manera relativamente uniforme. Aun reconociendo
que algunas sociedades desarrolladas (por definición
más ilustradas y más felices) han cometido algunos
errores que las que están en desarrollo podrían
conocer y evitar, a las primeras se las presenta
como el desideratum de la perfección humana y el
modelo que debe emularse.
Muchas de las presunciones en que se basa
este punto de vista son discutibles en un sentido lógico
y ético. En primer lugar, la secuencia información-
riqueza-bienestar está lejos de ser convincente,
entre otras razones porque la información es solo
uno de los constituyentes del conocimiento, el cual
se caracteriza más por la estructura y el ordenamiento
de la información que por su cantidad. El
conocimiento es información organizada en torno
a intereses y valores sociales. No puede afirmarse
que las sociedades más desarrolladas sean aquellas
donde predomina el conocimiento. Aun en las más
complejas y evolucionadas, o en las mejor “alfabetizadas”,
hay ignorancia, prejuicio, superstición e
ideas primitivas. El conocimiento no está uniformemente
distribuido en la población, de modo que la
capacidad para utilizarlo y ampliarlo no es homogénea
ni uniforme.
Tampoco puede sostenerse que los valores
que fundamentan el trato humano sean reconocidos
y aceptados por todos los miembros de esas sociedades.
Falta resolver en ellas dilemas perennes
de la condición humana; hay disensiones internas,
violencia e injusticia, desprecio por los derechos de
las personas e insatisfacción.
La premisa de que la información se vincula
con el bienestar debe, por ende, ser examinada
desde un punto de vista antropológico amplio y
puesta en relación con la acción social orientada
hacia obtener algún valor. Ninguna “educación” a
ciegas, sin metas sociales, produce de forma automática
la deseada satisfacción o el esperado bienestar
que los panegiristas del desarrollo ingenuamente
han destacado. La equidad en materia de
información pasa por reconocer que el conocimiento,
que es información articulada, exige procesos
de comunicación, en los cuales la praxis de las
profesiones y las organizaciones profesionales debe
tener activa participación.

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